CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA

Daniel Torres

El sol abrazador carcome y lacera la piel de quien decide caminar esta tarde de sábado, mientras que dos carrozas llegan a la funeraria Santa Cruz en Minatitlán, cargando los cuerpecito del pequeño Santiago Hernández Olivares de apenas un año, de su padre Cesar Hernández Barrera y su tía Irma Barrera Alvarez.

Los tres forman parte de la lista de las 13 personas masacradas la noche del viernes por un grupo de sicarios en una palapa en la colonia Obrera de MInatilán, mientras se celebraba un cumpleaños.

En la funeraria yace un sin numero de gente, entre familiares, amigos, gente del gremio petrolero y quienes se han indignado por el brutal hecho.

Entre la multitud se encuentran dos niños, con la mirada perdida, sin comprender lo que esta sucediendo, pero con el corazón y alma hechos pedazos. Ellos son Iker y Cesar, de 10 y 8 años, medios hermanos del pequeño Santiago, fruto del primer matrimonio de Cesar.

A pesar de esto, ellos eran muy unidos a su padre y al pequeño santiago.

Santiago había cumplido su primer años apenas el 17 de Abril, y dos días después moriría acribillado en un hecho que aun no queda claro para muchos, pues la brutalidad con la que fueron masacrados el junto a 12 personas mas no tiene precedentes en la región.

A un par de kilometros de ahí, Nancy Olivares, la madre de Santiago lucha por sobrevivir en una cama del hospital de Pemex, tras resultar lesionada en pulmón y torax al tratar de proteger la vida de su retoño.

Ellos eran tres de los 10 cuerpos entregados hasta el cierre de esta nota, de un total de 13 cadaveres que yacían en la morgue, y unos de los pocos que decidieron darle velorio y un dia después, llevarlo al camposanto.

El resto, antes las amenazas de posibles represalias de otro ataque armado si velaban a sus deudos, decidieron enterrar ese mismo dia a sus familiares y cerrar el capitulo.

En otro sector de la ciudad, en la funeraria de la sección 10, en la colonia Cuahutemoc, velaban a Heber Reyes Martínez, alias El Potro, y a Leobardo Salinas Jiménez, dueño de la palapa donde se desarrollaba la fiesta y uno de los asistentes a la misma, respectivamente.

Filas de vehículos desfilaban dejando gente con coronas y arreglos, muchos aun no daban crédito a lo sucedido una noche antes, y se desplomaban antes de entrar al recinto donde velaban los cuerpos.

Una patrulla de la policía municipal reguarda el velorio, ante el riesgo, mientras que un helicóptero de la Fuerza Civil hace lo propio sobrevolando la zona.

La escena contrasta con lo ocurrido en el Centro, en la esquina de las calles Moctezuma y Centenario, donde se ubica el antro conocido como La Esquina del Cha-KL, propiedad de Julio Cesar Gonzalez Reyna, alias “La Becly”, presunto objetivo principal del grupo de sicarios.

Ahi la escena es desolada, no hay gente en las calles, los pocos carros que pasan no pueden evitar observar y señalar el centro de vicios, incluso, los vidrios de la entrada se encuentran rotos, vandalizados, por el coraje de la gente. Un pequeño candado evita que la gente ingrese a hacer destrozos. Para Becly no habra mas que entierro y olvido, y odio y maldiciones.

A no mas de 500 metros del velorio se halla la macabra escena de la masacre.

Una patrulla resguarda a lo lejos el callejón donde se encuentra la palapa “El Potro”, la zona parece desierta, ni un alma respira, el ambiente es tenso y triste, el miedo domina.

Una delgada cinta resguarda la entrada al salón, mientras que al fondo yace lo que quedó de la dantesca escena.

Adentro, dos perros, posiblemente propiedad de Heber, mudos testigos, quedaron encerrados en el patio, rogando por comida, urgando entre las sobras y lamiendo la sangre seca de su dueño, mientras el sol cae.

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