Columna: Desde la capital

Minatitlán: El Negro Viernes Santo

La Masacre de Minatitlán se va a convertir en uno de los más grandes eventos, de los mas dolorosos e impactantes que se han dado en México bajo la 4ta transformación. El hecho: la noche del 19 de abril a las 20 horas con 20 minutos, Viernes Santo, 13 personas fueron brutalmente masacradas, incluído un infante de un año, cocidos a balazos en una palapa donde participaban en un festejo.

El hecho ya ha recorrido todo el país, ha generado indignación y ha movilizado a la sociedad, despertó el fervor social que se encontraba oculto en Minatitlán y los reclamos al gobierno federal, estatal y municipal no se hicieron esperar. Sin embargo, hay dos aspectos que la sociedad parece ignorar aunque es comprensible y valorado que una sociedad vea con dolor, rabia, asco, decepción, desánimo, frustración y tristeza estos hechos, pues implica que aún no se comprende la violencia como algo normal, lo que da esperanza de poder actuar.

Lo que olvidan, en primera, la acción de impacto, no es casualidad que se escogiera el Viernes Santo, tan poético como la matanza de San Valentín, el acto bélico de mayor calado del famoso Gángster Al Capone, cuyo objetivo era mandar un mensaje a sus rivales.

En segundo lugar, el problema social que representa la violencia parece que tiene temporalidad, pero ahora olvidan, que si bien de forma más discreta, en gobiernos anteriores también se han dado acciones violentas de una magnitud desproporcionada. No que se justifique ningún acto ni mucho menos. El problema es que nunca vimos tanta sangre en un sólo lugar. Pero como sabemos que los 1,178 cuerpos que se han encontrado en las más de 600 fosas clandestinas y ahora con la fosa más grande de Latinoamérica, ese hubiera sido una masacre aún mayor cuyos hechos nunca conocimos

Me genera curiosidad, saber porque esos eventos violentos, que cobraron la vida de casi 1,200 personas no fueron tan mediáticos, no fueron descubiertos, ni hubo perseguidos, ni camionetas en llamas, sólo el silencio sepultural de la noche y el eco de los llantos de las 20,000 familias que buscan a sus desaparecidos.

Por qué antes, con el Yunismo y Duartismo se encubrían estos hechos y con el Cuitlacuismo sale todo a la luz, como si los sicarios fueran novatos despadiados. Esto es mucha casualidad.

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